jueves, junio 07, 2012

Papel

El viento de la conciencia estaba revuelto, las neuronas desesperadas, atrapadas en un eterno laberinto, impulsos desconcertados trotaban por doquier, alegremente enajenados, perversamente anárquicos. La tierra del insomnio era un campo abonado para estas criaturas, alocadas, jocosas, histéricas y multitud mas de ellas, arboles dendríticos dejaban caer sus maduros frutos entre desconcertantes ruidos.
El transito por los raíles del pensamiento era casi imposible, una miriada de trenes atascaba las comunicaciones, y aun así, mensajes circulaban a pie entre lánguidos pueblos de recuerdos y sueños. También las ciudades de estímulos estaban en funcionamiento, era como si pese a no poder comunicarse todos intuyeran lo que debían decirse y bailaran una ordenada danza sin melodía de fondo, algo áspera y triste, pero eficiente al fin y al cabo.
Un pensamiento, atascado con su carro en una vaguada esperaba pacientemente el rescate, su preciado cargamento no debía dañarse, pues era el sustento futuro de muchos buenos ratos venideros, las semillas brillaban con luz propia entre la oscuridad, e incluso al acercarse sonaban como acordes notas de violín. El pensamiento, aburrido de tanto esperar desconocía la nueva estación de insomnio, las fuertes tormentas desgastaban los ya de por si cansados campos, si no se imponía pronto una nueva y reparadora fase de sueño, solo quedarían yermas percepciones para conformar las nuevas viviendas de la próxima generación de pensamientos. Tal vez solo quedaría el camino de cubrirlo todo con un velo de desesperación y esperar a temporadas mas fértiles y creativas...
Algo se movió en la frontera de su percepción y tan hastiado estaba de esperar que abandonó su preciada carga para descubrir que era, encontrando algo inconcebible...

Hijo de una pluma y de la tinta invernal portaba con orgullo sus galones, su uniforme, firmemente dibujado sobre su duro y excelente papel resultaba impresionante, deliciosos brocados engalanaban sus hombros, y en su cintura, una vaina contenía una hoja del mas fino papel, capaz de cortar con el mas leve roce...
Las columnas de soldados avanzaban en ordenada formación, prestas las espadas hacia la inminente contienda, debían defender el reino de un enemigo desconocido y terrible, y allí estaban ellos, soldados de papel preparados desde su concepción para repeler este tipo de agresiones.
El primer choque fue devastador, llamas comenzaron a caer de los cielos y a quemar las firmes hojas de las tropas, sin siquiera entablar batalla ya estaban derrotados, cuando los compañeros acudían a socorrerse, estos se contagiaban del ígneo mal y quedaban reducidos a cenizas entre un desagradable crepitar de gritos...
Había escapado al terrible asalto, afortunadamente la sustancia ártica que lo pintaba le confería cierta resistencia y alejándose del centro de la contienda logro salvarse de la masacre. Algunos más como él lo habían logrado, volviendo a componer pequeñas y ordenadas unidades de infantes de papel, prestos para afrontar nuevos y aterradores ataques por parte de un enemigo desconocido.
Susurrantes aves se cernieron sobre la tropa, brillaban con un aspecto metálico, y cuando juntaban sus alas seccionaban partes de los nuevamente atónitos soldados, sus afiladas hojas se arrugaban frente a la metálica consistencia de estas aves de pesadilla. Nuevamente, nuestro soldado logro sortear los peligros, cada vez tenía mas claro que la única manera de vencer era avanzar, evitar todas las trampas del enemigo y llegar a su mismo núcleo, allí sería vulnerable y podría derrotarlo.
Ya apenas quedaban compañeros cuando un enorme vendaval se levanto sobre ellos, debido a su ligera naturaleza fueron alzados fácilmente y uno a uno se fueron perdiendo en la lejanía.
Cuando el vendaval cejó solo quedaba una arrugada figura, había clavado su brazo sobre el ala de una de esas metálicas aves que había quedado atrapada en el suelo, retirando dolorosamente su apéndice del puntiagudo extremo del ala, sangrando negra tinta por la herida y completamente solo, continuó su avance hacia el desconocido adversario que amenazaba la misma existencia de su reino.
Unas claras y cristalinas aguas azules parecían su meta, tras ellas se veían extrañas luces recortadas sobre fantásticos y ondulantes campos. Reunió el valor que le quedaba y penetró aquellas aguas, inmediatamente comenzó a reblandecerse, sus facciones se desdibujaron, la tinta escapaba de su cuerpo, estaba muriendo, pero no podía cejar en ese momento, en un titánico y desesperado esfuerzo se zambullo por completo...

Deforme, descolorido y casi sin fuerzas despertó nuestro soldado, una extraña y vaporosa figura lo observaba, el cielo a su alrededor estaba oscuro, y los árboles brillaban, la tierra ondulante parecía que acumulaba pequeñas chispas para luego dejarlas escapar, se levantó como pudo frente a aquella vaporosa criatura e intento comunicarse. Sus cuerdas vocales habían quedado borradas por el agua, así que no podía emitir sonido alguno, aunque parecía que aquel ser tampoco era capaz de eso. Una extraña música atrajo su atención y descubrió un extraño carro con forma de cascara que contenía unas pequeñas perlas de luz que emitían hermosos destellos de color a la vez que sonaban melódicamente. Mirando aquellas maravillas no pudo menos que acordarse de su reino, tal vez aquí estaba el origen del ataque, pero si eso era así como lograría salvarlos, que debía hacer.
El carro estaba atorado, y la etérea figura parecía ser su conductor-protector. No parecía peligroso, parecían mágicos huevos, quien sabría que habría dentro, no estaba seguro de nada, pero algo si que sabía, malo no era y sintió que debía ayudar a aquella criatura.
Tras un arduo trabajo logró soltar el vehículo, la vaporosa criatura creó unos apéndices que rodearon inmediatamente el carro, haciéndole posteriormente señas que interpreto como una invitación a acomodarse dentro. Una vez sentado el ser comenzó a moverse arrastrándolos por aquella misteriosa tierra.
Observó extrañas formas deambulando locamente por doquier, haciendo caer brillantes frutos de aquellos extraños árboles, cortándolos algunas veces e incluso marchitándolos y secándolos. Dejo atrás construcciones que se asemejaban a ciudades, extraños y alargados carros atorados sobre fosforescentes lineas paralelas en el suelo.
El viaje acabó frente a una oscuridad que lo engullía todo, no podía verse nada mas allá , ni por los lados, ni de frente ni por debajo, era como si una oscura nada creciera a partir de allí y todo dejara de existir.
El etéreo conductor comenzó a descargar la carga y a colocarla frente a aquella barrera, en línea, equidistantes unas de otras. Su luz tampoco parecía atravesar aquello, y las notas parecían perder fuerza. Cuando la última estuvo colocada, la figura comenzó a moldear uno de sus apéndices como una aguja y se acerco a la primera que había dejado, parecía dispuesto a rasgarla cuando una eclosión de la negra línea que separaba las brillantes semillas pareció tragarse a aquel vaporoso ser.
Solo, arrugado y deforme, descolorido en su totalidad, el soldado se quedó desconcertado, tal vez era eso lo que debía pasar, pero inmediatamente dudo de aquel pensamiento. Ya que no había sido capaz de defender su bien amado reino y ahora se encontraba allí, fuera donde fuera ese sitio, decidió terminar el trabajo que aquel ser había comenzado, y desenvainando, su ahora mellada, arrugada y deslucida hoja, se acerco a las brillantes semillas e hinco la punta en la primera.
La explosión de luz y sonido fue tan fantástica que incluso ilumino lo que había tras la aterradora barrera de nada, mostrando un extraño y colorido mundo coronado con boreales luces en el cielo, criaturas viscosas y translúcidas reptando por los suelos y graciosas aves haciendo piruetas en el aire, esto duró poco, pero todo a su alrededor pareció cobrar mas vida, incluso aquella nada pareció perder fuerza pese a no retroceder ni un milímetro.
Sin perder tiempo comenzó a romper una tras otra las mágicas semillas, repitiéndose cada vez el mismo proceso, mostrando una infinidad de fantásticos y extraños mundos. Cuando llego a la última todo parecía más vivo, el suelo brillaba ahora con luz propia y una infinidad de estrellas habían surgido en el firmamento. La última extrañamente había cambiado, y ahora parecía de papel, sin dudarlo volvió a clavar su espada y cuando esta la desgarró, él comenzó a volver a enderezarse, su papel perdió las arrugas, su uniforme volvió a dibujarse y su hoja cobró el lustre de antaño, ante sus ojos se desplegó un mundo de papel, con mares de tinta y ciudades de cartón, su mundo, ahora libre de peligro, disfrutando sus pobladores con una sonrisa de la existencia...

Bosques de neuronas brillan con luz propia, el viento de la conciencia surca sus cielos plácidamente, trenes de pensamiento transitan dendríticas vías con inquebrantable puntualidad, mientras pueblos de recuerdos y ciudades de estímulos trabajan bajo una agradable y feliz melodía, a la vez que un guerrero de papel corta semillas de sueño frente a una abismal nada, carente de miedo ante su continua amenaza sonríe, miles de realidades nacen día a día y él esta allí para protegerlas...